sábado, 13 de septiembre de 2014

Rebatir

Es fácil andar por la vida decepcionando gente, pero aún más fácil es decepcionarte a ti mismo. Decepcionar y andar por ahí. Decepcionar y continuar con la rutina. Decepcionar y aún luchar contra la idea de ser una mejor versión de uno mismo. Porque nunca se opta por ser otro. Habría demasiadas cosas por cambiar, habría demasiado por abandonar, y demasiado por crear. Solo buscar ser uno y empezar a creer que eso vale. El que tiene que disfrutar del resultado final es uno mismo; siempre el que menos lo hace. El que es pisoteado, el que reducido a un pequeño insecto y es aplastado mientras el crujido se opaca en ese ruido desgarrador. Ya ni siquiera aislarse sirve. Ya ni siquiera encerrarse a leer. Ya ni siquiera forjar una entidad falsa te dará esa seguridad que estás buscando. Nada te dará esa seguridad. Y no es el miedo el que te corrompe, es esa sensación abismal de sentirse inútil, de sentirse improductivo y con un averiado ojo crítico. Porque al fin y al cabo el único que queda cuando se van todos es uno mismo. Reflexivo, rebalsado de introspectiva, solo. Porque es esa soledad la que enfrenta los dos grandes polos de tu mente y tu cuerpo, tu fortaleza y tus miserias, tus simpatía y tus fantasmas. Fantasmas que se aferran en ese espacio entre la piel y la carne y a cada paso rasguñan los pliegues de tu cuerpo. Cuantos más sean, el dolor es más intenso. Existen momentos en que los gritos de alegría que presionan como la gravedad generan el completo estado de pasividad de esos malditos monstruos invisibles. Pero dura poco y hay que sacarle el mejor provecho posible. Allí es donde se liberarán todas las endorfinas suficientes que golpearán lo que viene de esa fragilidad, de ese desequilibrio. Pero a veces la única forma entender las cosas es cambiando el panorama, y caer sin límite nos muestra las cosas desde ese otro lado. En definitiva de eso se trata, de rebatir la búsqueda incansable para lograr una mejora. No para ellos, sino para encontrar empatía en aquel que se nos presenta cuando estamos solos.

jueves, 19 de junio de 2014

Verdades al volante

Bien, bien, está dura la cosa. Yo, viste', tengo laburo pero veo que la gente está muy loca. Está muy loca la gente. - comentó en dirección al joven que se encontraba agarrado al pasamano detrás de su oreja derecha - Te tiran el auto en las esquinas, te frenan de golpe, no tienen problema que te los partas al medio. Esto, viste', a veces no frena. Aunque la chancha - golpeando la palanca de cambios - se la banca.
Y no me puedo quejar, tengo un laburo digno. Va, qué sé yo... va, sí, es bien digno. Yo vengo de una familia humilde. Me crié allá en Virreyes, ¿viste? ¿Cómo es que le dicen? ¡Virreyes City! - improvisó una risa - ¡Ja! Virreyes City, qué chantas. Pero lindo igual. Los pibes de la cuadra, la vieja y la escoba, la pelota. - la puerta de adelante se abrió y un abrigado pasajero subió y entre apretujones sacó un boleto de $3 - Pero nunca me faltó nada. Mis viejo laburaba mucho, la vieja conseguía una changuita cada tanto, mis hermanos se encargaban de hacerme hombre, cosas de estilo, viste'. Comíamos todos los días, íbamos al colegio, a la cancha cada tanto... ¡a ver al Matador, papá! Las grandes épocas. - el timbre se escuchó. Desde el fondo una muchacha con sobretodo verde y botas negras miraba por la ventana de la puerta - Pero igual, antes no estaban todos tan locos, qué sé yo, ahora te matan por $20. Si se los das, quieren más y si no se los das te pegan igual. No entienden nada esos. O sí... y son re vivos los machos, sí acá entran y salen a toque: saludan a los policías y seguro que reparten lo que ganan. - se escuchó el soplo de aire de los pistones y la puerta crujiendo para cerrarse. Se hizo un silencio por un par de segundos - Te decía: yo estoy tranquilo. Tengo laburo, me pagan a tiempo, tengo obra social, los pibes van a colegio. Nada... ¿qué más puedo pedir?.
Aunque es difícil. Los pasajeros se piensan que yo no voy más rápido porque no quiero. Se quejan del tránsito como si yo tuviera la solución. Me critican el precio del boleto. "Señora, ¿qué me dice a mí? Yo manejo esta cafetera de mierda, no el país" le digo. Se lo toman mal, viste', seguro que es la forma. Aunque mejor que no me rompan los quinotos. Bastante tengo a mi suegra cuando me obliga a ir a visitarla todos los domingos. No sabés, ¡es inspor-table! Ahora se le dio por tener miedo a todo. Es que mira mucho noticiero, viste', y esos están cada vez más bravos. "Hombre muerto de un disparo mientras entraba el auto al garage", "Niño aplastado por una grúa en terapia intensiva", "El dólar está incomprable". ¿El dólar? - risa improvisada - ¿Desde cuando quiere comprar dólares? Sí, claro, y después me pide plata para los medicamentos.
No sé, no me importa, yo me voy a ver a Tigre y se me van los problemas por un rato. Va... se me agrega uno, esos terribles 90 minutos. 95, 96, depende el alargue  - carcajada - Laburo las nueve horas acá para tener un restito para ir a la cancha - el vehículo frena abruptamente y el chofer abre con velocidad la ventanilla - ¡Avanzá boludo, ¿qué no ves que está en verde?! - seguido de unos segundos de silencio -Viste cómo se mandó, ¿no? - nuevamente al joven a su lado - Pero vos sos pibe'. Yo a tu edad no tenía ni idea de lo que era este país. No sé, salía con la banda, me acostaba tarde, laburaba fisurado y me iba a acostar deshecho. Pero me la jugué a ser feliz, al menos durante esos años. Después conocí a la vieja, tuve el primero y bueno... hace 20 años que manejo el bondi, viste', ¡Y mirá lo feliz que estoy! - con ironía -
Mi viejo me decía que estudie. "No me jodas, viejo", le respondía y me iba a la fábrica de ahí de Rolón y Uruguay, viste'. Me rascaba bastante pero laburaba hasta los sábados. Con casco, casi todo eso. Porque acá los únicos que no laburan son los políticos. No hay nadie como el General Perón. ¡Qué tipazo!
Igual roban todos por igual. A nadie le importa nada. Después por unos mangos arreglan con lo que hay arreglar - y guiño el ojo al espejo retrovisor sobre su cabeza - y ya están en la playa tomando champagne. Y nosotros como unos boludos seguimos laburando para que los pibes crezcan enteros. Y resarle al que se cruce, viste', porque está salada la cosa. Mucha droga, mucho escabio, la frula. ¿Vos alguna vez probaste la frula? - El joven negó con la cabeza - Es díficial la frula, quedás re duro, no entendés nada. Pero es cara también, la toman los que la manejan, por eso este país es un quilombo. La tele es un quilombo.
Ayer veía ese programa de chimentos. Ese que miran todos... Eseee. Bueno, no sé, y era todo un puterío (¿viste? se usa mucha esa palabra ahora) "Qué esta me dijo", "que la otra me contestó", qué carta documento, pum, pam - soltó el volante para acompañar con un gesto en ambos brazos - Y vuelan cartas documento a quién sabe dios. ¡Están todos locos!
Pero la tele me sirve. Llegó re cansado, con la espalda dura y con la boca abierta me pongo a mirar tele. Boludeces, ¿qué hay de buena para ver? ¡Nada! Pero igual me sirve, viste', alguna novela agarro. Algún partido de esos que nada que ver, también. No sé, el Monterrey contra el Pachuca. ¿Qué carajo hago mirando fútbol mexicano? - río con fuerza - Pero viste', para escapar un poco de todo esto. Es que Argentina es díficil, viste'. Más acá en pleno quilombo donde estamos. Una vez casi me voy para afuera, pero qué sé yo... - Se hizo un silencio y el joven con voz gruesa pero algo inhibida le preguntó - ¿Y por qué no se fue? - el chofer lo miró con ironía y respondió - Uh, no, ¿estás loco vos? Te imaginás lo que es irse. ¿Vivir sin mate, sin esta locura? ¿Te imaginás? No, me muero del embole. No sé, qué sé yo, soy argentino con todo que conlleva, viste'.

sábado, 3 de mayo de 2014

Proposiciones

El encuentro que pone en duda todo lo que alguna vez tuvo sentido. Sus ojos se cruzan con mi mente agotada que sonríe por dentro y murmura su locura por cada escama de mis dedos. Sentir mi pelo suspirar de emoción al oír una voz suave y dulce que murmura una frase sin sentido que se sobrecarga de paz: "Hola, un gusto". Pero no, el gusto es todo mío. Recrearte con mis retinas. Retenerte en un lugar seguro. Retarte a duelo en cada segundo de desconcierto.
Y una sonrisa hace vibrar tus labios y acalla tus palabras y abandonás la formalidad para dejar emerger una perfección abstracta debajo de tu nariz y en diagonal a tus orejas que se esconden detrás de unos rizos castaños.
Pienso que el espacio de mi silencio dejará en vista la frecuencia estúpidas de mis pensamientos. Así será, pero ya nada me impide ocultar lo explosivo de esa energía que se arrastra por mi cuerpo.
Debería contestar algo. En definitiva, me ocupo de practicar con frecuencia ese tipo de respuestas. La sinceridad me presiona debajo del paladar. Pongo en posición cada verbo, y me olvido de las pausas que permiten el ingreso de aire.
Se lanza al vacío la apertura de mi boca y florecen mis dientes en una risa que expresa duda y simpatía.
Cruzan reacciones, alegrías, tanto en juego. Me acerco torpemente el paso de distancia. Extiendo mis manos mis manos pidiendo permiso y arrastro impulsivo a un encuentro que podría cortar en dos mi vida.
Me vuelvo inmenso por un corto instante. Perfecto. Inmortal. Infinito.
Y caigo a lo incierto. Desaparezco acarreando la grandeza a un posible rechazo. Pero no abandono la sonrisa. Si algo he de dibujar en su juicio definitivo es el esfuerzo, las ganas de poder sostener esa mirada cargada de años y de distinción.
Encuentro el coraje con una pestañazo fugaz al piso y me cruzo sus labios pequeños. Estiro mi cuello y la fuerzo a devolverme un espasmódico beso en la mejilla.
La distancia pone a juicio la variedad de ese encuentro. Tan cercano, con su pizca de pícaro y desesperado. Separo con esfuerzo mi cuerpo para no parecer obsesivo y abandono el blanco de mis facciones para irradiar el calor de la sana vergüenza.
Encuentro el timbre de voz en algún extraño rincón de mis costumbres y dejo la sin razón en apretar el puño libre con nervios de novato.
"Es mío. El gusto es mío, ¿le gustaría tomar un café?", titubeé.
Resultó que no lo pensé, que simplemente surgió. Inventó una forma y se materializó el sonido en un curioso cuestionamiento.
La eternidad golpeó contra ese dedo que extendido se posó debajo de labio. Un desconocido proponiendo sin dudar un escape a un enfrentamiento de desprendimiento de ideas e historias. Los paseos no suelen abrir espacio a infundadas invitaciones.
Me abandonó, y girando con rapidez su cuello encontró una frase inesperada en el suelo gris. "Sí, ¿por qué no?" asintió y volvió a levantar su mirada. Y agregó quebrando toda distancia que había construido su sorpresiva respuesta: "¿Cómo es tu nombre?".
No recordé mi nombre y no existió respuesta. Dijo que sí. Aceptó y cargó de nuevas connotaciones la unión de esas dos letras. Abrí mi puño y la yema de mis dedos asumieron la libertad de imaginar lo inimaginable y abandonar el universo con los minutos por delante escuchando su voz.

lunes, 24 de marzo de 2014

Apreciaciones sobre la infidelidad

Se origina cuando una necesidad inexacta viene a remover los recovecos de tu suelo. En ese instante impregnado de duda que oxigena el huracán que viene a destruir los valores que parecían eternos. No es más que eso, un momento, un silencio, una repregunta a la que tu lado más oscuro le hizo lugar en tus encuentros. Un hecho punzante que marca el latido de tus vacilaciones. Que marcará a tinta gruesa el gris del espacio incómodo de tus necesidades.
La culpa es un arma que puede provocar la más profunda de las calamidades. Se hace fuerte en el revuelo del sueño y apuñala ideas de bondad y justicia. Tiemblan sermones que recompusieron distancias eternas y apreciaciones sin límite de jerarquía. Pero ese momento previo, ese impulso que proviene de recónditos lugares de tu mecanismo de inteligencia y se apoya presionando en varios extremos de tu cuerpo crea la fuerza suficiente para inundar de seguridad el más presuntuoso y desalineado deseo. Pero los retazos de injurias vivirán mudas en un acto que puede morir desapercibido o volcar en pacientes brotes de veneno toda la ira del haberse equivocado.
Comienza un ejercicio mayor, el ejercicio de no poder permitirse habitar otro mundo. Lo cometido encontrará sitio en reflexivas paradojas de los sentimientos cotidianos: en la taza de café, en las horas extras de trabajo, en las cenas. Las situaciones se alimentarán de un proceso de distracción que se venía forjando por años y se revolcará entre las sábanas de otro error.
Se recrearán palabras para definir represiones que amanecerán como lo que se concluía en jamases. El incidente tomará la cotidianeidad de lo impensado. Se asesinarán orgullosos con frecuencia y se incinerarán solo con imágenes decenas de papeles que afirmarían ser eternos.
Aprender a despertarse con eso es parte de las incongruencias de compartir una cama con un ser amado y de toparse con la inaceptable noción de haberse rendido a sistema de traiciones.
Todo habría parecido mejor si los acontecimientos hubieran circulado de otra manera. Si se hubiese cultivado el funcionamiento de tus estandartes de distinto modo la negación desterraría de tus poros los sucesos acontecidos. 
Pero los suicidios no abundan, y encontrarse repeliendo esa antigua rutina es dañino para las mentes frías y calculadoras, y también para las impulsivas y fervientes de aventuras. Los pocos lazos comunicativos con su propio amo de decisiones encontrarán alivio en lo sucedido que por ser remolcado a un recoveco es historia y solo se recreará con la apropiada unión en la sucesión de recuerdos.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Te amo por ceja

Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores
blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz,
te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago
y cintas que dormían en la lluvia.
No quiero que tengas una forma, que seas
precisamente lo que viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones
cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.
Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco
con ese pelo lacio, esa sonrisa.
Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino
es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre
en una galería de museo.
Además te quiero, y hace tiempo y frío.

Julio Cortázar

viernes, 7 de febrero de 2014

Simple hormiga

Imaginaba el camino de la hormiga. Forzosamente acarreando un peso mayor al de su propio cuerpo a través de un terreno repleto de interminables senderos, gigantes pastos verdes que se alzan en majestuosos pequeños bosques y profundos huecos en la húmeda tierra que advierten que por allí no pasará. A la intemperie de cualquier tempestad que destroce su carga o que hasta dañe alguna de sus extremidades, la fila de millones de hormigas se desplazan cumpliendo, sin más, con su arduo trabajo. A ciencia cierta, no conocen de penas ni valores y aún así son capaces de sentir sufrimiento. Ignoran su inferioridad dentro de un mundo sobrecargado de humanos -catalogados como seres superiores por mentes optimistas- y miles de otras especies que las superan en peso y tamaño. Punto a favor, tal vez no en cantidad.
Pero las grandes colonias -manada de mamíferos, bandada de pájaros, ¿y el ejército de hormigas?- cumplen con su deber con total voluntad y determinación, con dedicación y esfuerzo, sin saber siquiera si existen, sin entender los fines de armar un extenso hormiguero que abarque todo su universo; hasta el primer viento, el primer llanto de nube o idiotez humana.

lunes, 13 de enero de 2014

A saber

Se preguntó, como todas aquellas inertes tardes de verano, por qué sus cosas habían tomado ese rumbo (hace tiempo ya no usaba el término vida, para él, vivir era otra cosa).
En la noche nunca se había dejado vencer por el zumbido inoportuno del silencio, ni por la punzante paranoia del ruido constante de la gota en el duro azulejo. Ocurrente, había colocado esa foto perfecta que se mostraba desapercibida para las infortuitas visitas: él en un pequeño velero que lucía dos enormes velas blancas frente a un río teñido de marrón y decorado por manchas rojas de un sol que se daba por vencido. El viento se mostraba inquieto y golpeaba su cuerpo mientras avanzaba manso por el agua. A su lado, sus dos colegas favoritos sonrientes, sin más razones para ello que la agradable compañía, una paz que parecía eterna, y el dibujo de cada cebada de un mate tibio que giraba en torno a las palabras.
Desde su sitio, miraba la tranquilidad de un agua poco calma que dejaba fluir entre sus entre abiertos labios incipientes cuestiones metafísicas que él pretendía evitar y enlazar con memorias de tiempos distintos.
Sostenía, hace tiempo, una relación imperfecta con una mujer extraña y cambiante pero igual de inoportuna, llena de sorpresas y misterios. Se encargaba a diario de asesinar la rutina e incendiar los controversiales papeleos. Invaluables le resultaban los momentos en que golpeaba su puerta con una delicada flor que acababa de tomar prestada de cualquier umbral de paso. Aunque al disfrutar de su presencia no lograba desprenderme de una duda que había sabido atormentarlo durante años. No era la muerta, eso ya había aprendido a interpretarlo. Nada de eso. Lo atrapaban las relaciones interpersonales. Lo obsesionaba pensar que con frecuencia se generaban encuentros tan casuales que parecía construidos en broma y resultaban ser tan profundos y satisfactorios como un primer beso o el movimiento horizontal de una bandera. Por momentos, pensaba, se busca resumir las sensaciones más abarcativas en unas pocas palabras, y acarreamos la culpa diaria de la síntesis -¿A caso el amor significa eso?- 
Entonces se dejaba vencer abruptamente por las escalas de un terror que gozaba de escalofriantes consonantes: la soledad.
Ínfimas ocasiones luchó por intentar definir de qué se trataba ese sentimiento y solo había podido resumir en un ¡Plop! y la desesperación de encontrarse perdido entre una multitud parlante que escupía la burla como mecanismo de rechazo a la introspección.
Sin duda, por cuestiones atemporales, las situaciones se ampliaron al notar que esa vez las cosas (y hago hincapié en no usar el término vida) fueron distintas. Dos palabras surgieron estruendosas en su mente y vinieron a sacar brillo a sus ideas: absurda e inesperada. Fueron precisamente los dos soportes que supieron descifrar esos lapsos de dudas. Pero también describían sus relaciones, sus suspiros y, en una de esas, llegaron para fabricar un concepto de aquello que llaman vida.

lunes, 2 de diciembre de 2013

"Tuve yo la culpa, lloraba, y era verdad, no se podía negar. Pero también es cierto, si eso le sirve de consuelo, que si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias; nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente; primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego la imaginables; no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos. Los buenos y los malos resultados de nuestros dichos y obras se van distribuyendo, se supone que de forma bastante equilibrada y uniforme por todos los días del futuro, incluyendo aquellos, infinitos, en los que ya no estaremos aquí para poder comprobarlo para congratularnos o para pedir perdón. Hay quien dice que eso es la inmortalidad de la que tanto se habla. Lo será, pero este hombre está muerto y hay que enterrarlo."
Ensayo sobre la Ceguera, José Saramago

jueves, 7 de noviembre de 2013

Inconcluso

Soy todo aquello que dijiste y arrastro la culpa de lo que nunca pude ser. Me encuentro inconsciente imaginando lo que podría haber sido si no hubiera atravesado tu huracán de dudas.
Sube la noche, como el tiempo inquieto, y descubro que todo continúa igual para mí: ya no habrá nada que hacer con esta ráfaga de sentimientos irracionales.
Los planes de encuentros furtivos se desvanecen en un trance de frases inconexas y vocabulario desorientado.
El estruendoso reloj me recuerda que no hay momento para forjar un intercambio de discursos. Queda a la deriva la falsa conformidad, y se abre en el limbo mi espacio fuera de órbita.
Inhalo cobardía para dejar de pensarte y resuenan estrofas purificadas en caminatas eternas y vacíos pasos fóbicos de eternidad.
Reafirmando mis silencios de anfibio y la más desesperada asfixia descansaré en la visión de un extraño marginado.
Los relatos en tornasol aún se abstienen de darle sitio a tu silueta descolorida. Las nubes hermosas me preguntan cuánto tardará en estabilizarse esta ironía. La espera se desvanece, flota en su sitio y resurge, como la idea de infinito, como ese instante en que fluirás lejos de mi aura.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Palabras que alejan

Todo cambió. Todo se oscureció cuando afronté el sismo que susurraban tus palabras, ese deseo ferviente de salir a buscar sensaciones elocuentes, inexplicables. Entonces supe que no podría ser el silencio que buscabas.
Juré que podría masticar lo inexplicable por horas. Que podría superar las barreras del desentendimiento con tan solo cruzar ese infinito paisaje sonoro. Entendí esa tarde que sobre todo lo razonado habría de negociar la eternidad del desenlace que cayó al derramar esas oraciones. Me era imprescindible no justificar otro presente. No odiarme por saberme tan lejos y con tantas agujeros en mi espejo. Esperarte sería como rozar la experiencia del suicidio de integridad.
Supuse que todo aquello podría haber sido una invención de mi mente. El sentido del universo encontraba la sintonía cultivando aquella idea absurda de tenerte cerca y no poder mirarte. No entender los momentos, imaginar ocasiones, arruinar los vuelos de esta impasible oportunidad. 
Una extraña fuerza recorrió mi garganta mientras analizaba las palabras que cruzaban los surcos de mi mente. ¿Y si por primera vez las cosas comenzaría a funcionar? Pero también estaba esa otra posibilidad, ese otro retruque de razonamiento, ese verse rogando por un sentimiento incandescente, esa arquitectura de soledades que desenterraba más insatisfacción: morir en vida sería más simple que intentar persuadirte de ese quiebre.
Me desestructuraba, me conformaba, me preguntaba por el engaño que ahí se llevaba a cabo. Insistía en que existía alguna razón por la que ese inconexo procedimiento trascendía. Me desorientaban mis dolores físicos y las horas comenzaban a quemar mis retinas. Recurrí desencajado a la solución más desesperada. Cerré mis ojos, pero fue peor, estabas cada vez más cerca.
El proceso semanas más tarde continuaba empeorando. Ya no solo me contentaba con evitar mirarte, ahora me dolía hacerlo. Una confusa sensación de desgano y desgarro, supieron golpear mi dubitativo pecho. Como anticipo al huracán, mis supuestos volaban y despejaban mis rebuscadas ideas. Sospeché, al fin, que tendría la pieza de la derrota en mis manos. En un parpadeo encontré nuevas dudas, la negatividad relucía en los labios de ese maravilloso ser que imperfecto se rodeaba de un aurea de simpatías.
La deriva había dejado de ser el mayor problema, ahora el inconveniente eran mis ansias de que todo aquello cambie. Rozaba esa palpable posibilidad que tendría que haber aprendido a abandonar.
Analicé, en desahucias, el riesgo de naufragio. Repasé los incidentes, las palabras, hasta construí un muro de gestos ambiguos y anécdotas de distracción. Algo, nada más, quedó claro en esa escena de desencuentro y era que la urgencia me había amarrado los pasos hacia el frialdad del infinito.

jueves, 6 de junio de 2013

"El existencialista suele declarar que el hombre es angustia. Esto significa que el hombre que se compromete y que se da cuenta de que es no sólo el que elige ser, sino también un legislador, que elige al mismo tiempo que a sí mismo a la humanidad entera, no puede escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad" 


El Existencialismo es un Humanismo, Jean-Paul Sartre

miércoles, 29 de mayo de 2013

Pasaje en reposo

Sentado en su sitio, como todas aquellas largas tardes de primavera, pensando en cuestiones que no hacen más que hacerlo sentir por demás desorientado, raro, inútil. Difícil simpatizar cuando se pasa gran parte del día frente a aquel monótono computador, ajeno a todo aquello que “debe” hacer, lejos de aquello que él desea. Inconsciente o tal vez conscientemente  aunque ajeno, solo porque por formar parte de aquella realidad que no elige pero le sienta cómodo y lo obliga a mantener ocupado su mente para no caer en todas aquellos otras realidades posibles (o imposibles, según marche la jornada).
Perdido siente el rumbo de los minutos que ceden al desamparo de su mirada. Perdido también cuenta las horas, los días, los años que faltan para que todo ello cambie; temerario de enfrentar ese otro sentimiento inoportuno de incansable desgano, intranquila desolación, aburrida tristeza. El mate otro fiel compañero, la yerba que de tanto en tanto necesita una renovación (como el espíritu, piensa entre suspiro y cebada), la radio encendida con voces que no buscan entenderlo, y algunos compañeros que aunque intenten, siguen y seguirán siendo muy diferente a él.
Soñador, con ansias de sabiduría, inexperto con las mujeres, torpe al orar entre amigos, sin duda un espécimen de los millones que rondan el esférico. Por mucho que intente sentirse especial sabe que, por cuanto tantos han intentado, son pocos los que han triunfado. De buena o mala manera, rememora a aquella gente que aparece en la televisión acusando extraños de inoperantes con fundamentes nulos y caen en el abismo ante la falta absoluta de ideas y a aquellos que por el sólo hecho de figurar caen en lo más burdo de su ser y se desnuda frente a morbosos espectadores que se alegrarán ante sus lagrimales y buscaran satisfacer su cuota mensual de “al menos no me pasa lo que a este” (siempre despectivamente, claro está). Y ni hablar de los políticos, esa jauría que admira pero no llega a entender; esa psicodelia de hombres excusados en un cambio por aquello que dicen creer y solo continúan la lucha por acrecentar su poder, dejando a un lado razones, sentimientos, pasiones mismas por llegar a ser algo antes de viejos. Escoltados bajo un tren de dinero, solo ven estaciones repletas de carroña, de intereses y personas aún más temibles que el peor villano de Hollywood. 
Acostumbrado, admira en si esa facilidad que tiene para irse por las ramas, tanto como la simplicidad que tiene para, oculto bajo una especie de falsa humildad, amar de si más de lo que odia y no entender cómo pocos lo hacen.
Incómodo advierte que es repudiado, compadecido o querido por grandes cantidades. No es fácil ser una buena persona estos días: callar para no continuar con una discusión absurda, pedir perdón cuando crees que aún estás correcto, sentir tristeza por esa gente a tu lado que no goza de lo misma que uno, no diferenciar a las personas por su aura materialista (un tema que busca la guerra en repetidas ocasiones).
Cansado de pequeños fracasos que su mente opta por amplificador al punto de ser aterradores como la muerte o el hambre, o disminuir y ceder ante un paso ínfimo. Son esas primeras ocasiones en las que ve una mancha negra que recorre su cuello lentamente implantándole desgarradoras ganas de no sentir más, desciende por su espalda hasta sus extremidades impidiendo su movimiento y allí reposa, horas y horas, acechando a cualquier ser que atraviese su rumbo, acosando a sus propias convicciones, atacando cada duda en su interior, cada inútil esfuerzo, cada síndrome de macabra soledad, cada palabra.
A medida que las horas pasan entiende a la sociedad de manera diferente, por ahora es el turno de la comparación con una hamaca. Considera que la misma fuerza  con la que uno lo logra ascender, en algún aspecto, es la misma con la que caerá nuevamente. Que el ciclo perfecto es absurdo y pernicioso, el mismo envión que logra llevarte hacia la cima toma tus piernas de manera despiadada y arroja tu cuerpo otra vez hacia abajo para volver a subir. Son muchos los que, a lo largo de la vida logran mantener esa fuerza y  superar la altura alcanzada pasada  la caída anterior. Sabe que son otros que apenas si pueden mantener la hamaca en movimiento, y ve que son pocos los que esperan el gran envión para saltar de aquella carcelaria hamaca hacia un destino incierto, lejos de mucho a lo que se han acostumbrado, y cerca de un porvenir que puede resultar el peor Jaque Mate de sus vidas.
Se burla de los libros de auto ayuda y de los psicólogos, aunque no deja de fraternizarse con cualquier simple melodía que cruce sus oídos. La analiza, la siente, vibra, la vierte en un sinfín de posibilidades hasta encontrarle su punto más delicado. Imagina los motivos del artista, las compara con sus experiencias de vida, sus fantasías y decadencias. Motiva miles de imágenes mentales de amigos, fronteras, posibilidades. Experimenta lo profundo del silencio y lo magnífico de cada instrumento. Prácticamente, la música es lo que le permite sobrellevar la rutina maliciosa en la que solo se ha metido y ha quedado atrapado. Añora ese momento de paz en que, entre sonidos disfruta un hermoso gran sol, algunas nubes y un mundo redondo que continúa girando: con o sin él, pero continua girando.
Al hablar de la vertiente de pensamientos, recae sobre su espalda el valor que posee cada pregunta que realiza. La escupe ante ajenos que en ocasiones se aburren de escuchar su voz cubierta de otra duda (probablemente obvia o probablemente no). Se enfrenta a la posibilidad de recibir una respuesta emocionante que le otorgue dulzura a un día que quizás no tenga mucho más para enseñarle. De esa manera, cree que al haber aprendido una palabra, una frase o una idea que, puede hasta no considerarla correcta, pero la siente suya: parte de lo que no piensa pero entiende. Entiende por analítico, entiende por rebuscado, entiende por haber intentado escuchar, entiende porque le permitirá seguir pensando por muchas más horas allí, sentado en su sitio.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Amor a la sabiduría

Tú lograste encontrar la sintonía y reacomodar tus prioridades. Al Atravesar los peldaños de la incontinencia desterraste remordimientos.
Ese extraño ser que revienta contra su inestable imaginación supo desparramar tus palabras entre la almohada aún caliente. Esa inoportuna idea surgida frente a ráfagas de inspiración perdió todo su valor al contacto con tus labios y murió avergonzada al nunca haber sido.
Confundido, mi antigua alma (mis ideas, no mi dudoso espíritu) aprendió a valorar el reflejo de aquel misterioso ente que, ante el solo hecho de existir, ya formó parte de este apagado mundo de conceptos. En resonancia, además, reconoció a esa silueta destellante flotando en un manso río, la misma que barrió el polvo de tu rastro invaluable; y notó, en pleno proceso de unión de moléculas, que a pesar del constate cambió, él era yo.
Un "yo" de aquel entonces que por lejos no es el "yo" de ahora, que tampoco será el mismo que supo escribir las palabras que nunca leerás.
Esto que soy, el que desdeña dolorido la fragancia de tus dedos y continúa en la lucha por abandonar la joroba de tus confusos valores.
La unión propuesta, como la suelta amarra que te ataba a mis conocimientos, como el nihilismo de un dios agonizante, perdió su rumbo al encontrar imposible abrazar tu cuerpo de igual manera. Tal y como lo había hecho segundos atrás.
Por eso es que en el mismo papel que convertiré en cenizas divulgaré mis ambiguas palabras y transformaré para siempre los retazos de desencuentro que alguna vez luche por enseñarte. Injustificada serán esas contradicciones, tal vez, pero, privado de mi libertad mental, he perdido los verdaderos razonamientos. Buscarán las razones para convertirme en loco, castigarán mi sangre entre grandes barrotes, pero nunca encontraran estas confesiones y mucho menos lograran envenenar esto que flota en mi mente.

martes, 7 de mayo de 2013

De dudas y ensueños

Mancharé mis miedos con el goteo de las siguientes palabras que arrastraran en desacuerdo una docena de imposibilidades. En cada obsesiva frase resurgirán tus ideales para acrecentar las dificultades que me trae recordarte. He aprendido a morir bajo tus tonos deshilachados, y sobre tus sábanas aún estiradas. También conservé tus desvanes y tus inconcordancias. Una flamante noche, mientras se opaca la última estrella, determinaré las pausas que faltan para volver a enfrentarte. Esta vez, estará todo planeado como desde el primer día. Nada podría quedar librado para escupir las más intrépidas dolencias. Si bien, más de un fracaso se acumula en un baúl de olvidos, una leve sonrisa de un reflejo desconocido me confía que la melodía suena diferente. Risas de fantasmas se adhieren al sentimiento de negación y de entre miles de cerrojos que labios supieron guarecerse. Supe suspirar la eternidad de la noche, pero abracé alocados días de construcción de mentiras. Si el sol, cauteloso, aprendió a cubrir de rayas una descalza mirada; si el tinte de paredes descascaradas se cubrió del velo de una frase de esperanza; yo, ocultando una sonrisa develadora, llegaré a amanecer entre tus brazos.

lunes, 6 de mayo de 2013

Maldigo la poesía concebida como un lujo 
cultural por los neutrales 
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. 
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.


La poesía es un arma cargada de futuro, Gabriel Celaya

miércoles, 24 de abril de 2013

Después de todo he comprendido que el reto más complejo y rebuscado es escribir directamente sobre uno mismo

domingo, 14 de abril de 2013

"El hombre no es más que un junco, el más débil de la naturaleza, pero un junco que piensa. No es necesario que el universo entero se arme para aplastarle. Un vapor, una gota de agua, son bastante para hacerlos perecer. Pero, aun cuando el Universo le aplastara, el hombre sería más noble que lo que le mata, porque él sabe que muere. Y la ventaja que el Universo tiene sobre él, el Universo no la conoce." 

 Blaise Pascal (1623 - 1662)

jueves, 4 de abril de 2013

De viaje 2

Si el lugar deseado y las personas correctas se uniesen en un espejismo de cielo y ramas, la real percepción de la vida cruzaría como el aire por el surco vacío del propio ser humano.
Los cimientos de revelación de un macabro circo temblarían en el desvelo de la inusual orgía de sensaciones.
A veces con palabras, a veces muertas como fruta seca.
El amor, pasajero empedernido en la racionalización de ideas, se acerque a cubrir de musgo algunas libertades y de ensueño a otras mentes cobardes.
Cobrarán vida las rocas en los agujeros del entretenimiento dulce, se olerán los misterios de la empatía y el nadar de atareados peces licenciados del silencio.
No serán, pues, las gotas las que sientan la insegura fortaleza de sus suspiros. Ni mucho menos las compañías.
El vuelo de historias colectivas derretirá las fundidas brazas y atraparán las delicias de la eternidad. Y así, sin más, forjando pintadas en los recuerdos se distribuirá la experiencia. Esa de necesitar el lugar indicado y las personas correctas.